Necesidad de
implementar un nuevo modelo pedagógico a la educación superior basado en las
competencias.
Con el surgimiento de las tecnologías de la
información y la comunicación, la Humanidad ha logrado desarrollar un nivel de conocimientos
sin precedente en la historia, constituyéndose éste en el principal recurso con
cuenta para enfrentar la degradación de los recursos naturales del planeta.
Para lograr que el conocimiento ocupe el papel indicado se requiere la
construcción de un nuevo modelo educativo que centre el currículo en el
educando, particularmente en el desarrollo de sus competencias, de manera tal
que se logre una convergencia entre lo individual y lo social en aspectos
ligados a lo cognoscitivo, afectivo y psicológico, que potencien una capacidad
adaptada al entorno generado en los últimos años. Solo así se podrá estimular
la creatividad y la innovación para enfrentar los retos planteados por dicho
entorno, desde una perspectiva holística y transdiciplinar capaz de superar los
modelos educativos heredados del siglo XX centrados en la adquisición de
información. En este nuevo marco contextual el papel del docente se debe
redefinir, pasando de ser un transmisor de conocimientos a un gestionador de
ambientes de aprendizaje.
La
educación, en general, y el aprendizaje, en particular, es mucho más que
recolectar conocimientos, o construirlos, debe abocarse a proponer respuestas a
los problemas y a las necesidades que enfrentamos en las nuevas condiciones en
que vivimos, por lo que se requiere movilizar toda la experiencia acumulada,
los saberes de los distintos dominios de conocimiento, de las capacidades de
acción, de interacción, para generar un modelo que integre saberes, acciones,
de interacción social y de auto conocimiento, desde una perspectiva integral,
holística, dinámica. De ahí la necesidad de un nuevo modelo educativo basado en
competencias.
El
contexto en el que se desenvuelve la humanidad en la actualidad plantea la necesidad
de desarrollar un nuevo modelo educativo que considere los procesos
cognitivo conductuales como comportamientos socio afectivos (aprender a
aprender, aprender a ser y convivir), las habilidades cognoscitivas y socio
afectivas (aprender a conocer), psicológicas, sensoriales y motoras (aprender a
hacer), que permitan llevar a cabo, adecuadamente, un papel, una función, una
actividad o una tarea (Delors, 1997), por lo que el conocimiento debe ser el
producto de contenidos multidisciplinarios y multidimensionales (Frade, 2009),
que demanden una acción personal de compromiso, en el marco de las
interacciones sociales donde tienen y tendrán su expresión concreta.
Frente
a este escenario se debe reconocer la importancia del desempeño docente para crear
y adecuar diversos métodos didácticos que orienten el desarrollo de sus
competencias (Delors, 1997) y su aplicación al contexto sociocultural, donde la
evaluación se transforme en una herramienta que procure la mejora del educando
y del proceso educativo en general, en vez de ser un mecanismo de medición y de
castigo.
En
este marco el papel de las Tecnologías de la Información y la Comunicación
(TIC) será determinante para generar mayores posibilidades para la comunicación
y el diálogo intercultural (Hopenhayn, 2002) generando mayores posibilidades y
condiciones de igualdad simbólica, revirtiéndose, así, la posición de rezago o
de subordinación que las sociedades latinoamericanas presentan hoy frente al
mundo industrializado.
Por
ello, el nuevo modelo educativo deberá basarse en las características de la
sociedad del conocimiento, lo que demanda integrar las TIC a la práctica
docente (ANUIES, 2004), para retomar los aportes de las ciencias, la tecnología
y humanística, al conocimiento en general, valorando sus implicaciones y su
inclusión; asimismo, debe reconocer, respetar y atender la diversidad en el
aula (Alonso y Gallego, 2010), para poder impulsar una democracia
participativa, respetando la diversidad y la individualidad.
Modelo pedagógico basado en Competencias
El
nuevo modelo educativo a desarrollar, requiere ser organizado e implementado
con base en el concepto de Competencias, entendiéndolo como la combinación de
destrezas, conocimientos, aptitudes y actitudes, y a la inclusión de la
disposición para aprender además del saber cómo, posibilitándose que el
educando pueda generar un capital cultural o desarrollo personal, un capital
social que incluye la participación ciudadana, y un capital humano o capacidad
para ser productivo (Dirección General de Educación y Cultura de la Comisión
Europea, 2004).
Las
Competencias deben ser consideradas como parte de la capacidad adaptada cognitivo-conductual
que es inherente al ser humano, las cuales son desplegadas para responder a las
necesidades específicas que las personas enfrentan en contextos sociohistóricos
y culturales concretos, lo que implica un proceso de adecuación entre el
sujeto, la demanda del medio y las necesidades que se producen, con la
finalidad de poder dar respuestas y/o soluciones a las demandas planteadas
(Frade, 2009). Estas demandas pueden tener dos órdenes: las sociales (que
deberían ser priorizadas en el contexto que enfrenta la humanidad en la
actualidad) y las individuales. Por lo anterior, el modelo educativo debe
procurar organizar la enseñanza con la finalidad que los educandos logren desarrollar
capacidades para resolver problemas, tanto a nivel social como personal (Aguerrondo,
2009).
De
esta manera, las Competencias a desarrollar contribuirán a dominar los
instrumentos socio-culturales necesarios para interactuar con el conocimiento,
permitir la interacción en grupos heterogéneos, potenciar el actuar de un modo
autónomo y comprender el contexto (Comisión Europea de Educación y Cultura
2004), lo cual reafirma que las competencias demandarán una acción personal de
compromiso, en el marco de las interacciones sociales donde tendrán su
expresión concreta. El enfoque educativo por Competencias conlleva a una
movilización de los conocimientos, a una integración de los mismos de manera
holística y un ligamen con el contexto, asumiendo que la gente aprende mejor si
tiene una visión global del problema que requiere enfrentar (Feito, 2008). Dado
que las Competencias, por su naturaleza, son de carácter personal e
individuales, se requiere para su impulso desde el sistema educativo, el
conocer y respetar las capacidades metacognitivas de los educandos (Coll,
2007), lo que implica determinar sus estilos de aprendizaje (Alonso y Gallego,
2010), el área más significativa de su inteligencia, y abordar los procesos
cognitivos e intelectivos que los caracterizan (Salas, 2005), a través de la
organización de actividades en un acto educativo, consciente, creativo y
transformador.
La
implementación de un modelo educativo basado en competencias debe tomar en cuenta que él mismo conlleva a una
transformación o elaboración continua de las ideas y las creencias, lo que
implica una innovación importante, que va a resultar en un cambio, por lo que
precisa que las personas encargadas de su implementación re-diseñen el
significado de lo que es el aprendizaje, lo que implicará conflictos y
desacuerdos que no sólo son inevitables, sino fundamentales para el cambio
exitoso (Fullan, 1997). La implementación de un modelo educativo basado en
competencias debe tomar en cuenta que él mismo conlleva a una transformación o
elaboración continua de las ideas y las creencias, lo que implica una
innovación importante, que va a resultar en un cambio, por lo que precisa que
las personas encargadas de su implementación re-diseñen el significado de lo
que es el aprendizaje, lo que implicará conflictos y desacuerdos que no sólo
son inevitables, sino fundamentales para el cambio exitoso (Fullan, 1997).
Dentro
del diseño curricular por Competencias, los programas de formación se deben
organizar a partir de las competencias a desarrollar, estableciéndose sobre la
base de metas terminales integrales y no solo sobre la base de la acumulación
de conocimientos, que a falta de darle un uso efectivo se convierten en
conocimientos inertes. Las competencias dependen del contexto, por lo que se
describen sobre la base de los aprendizajes esperados de una manera concreta y
no sobre la base de criterios generales y etéreos (Frade, 2009), donde se asume
que el sujeto será capaz de integrar los conocimientos y las habilidades
adquiridas de manera separada en un todo (Camarena, 2010).
Según la
Secretaría de Educación de México (SEP, 2009), el currículo a implementar en un
nuevo modelo educativo basado en competencias deberá integrar las siguientes
competencias para los distintos niveles que comprenderá la educación para la
vida y que, por tanto, constituyen los perfiles de egreso del educando:
1. “Competencias para el aprendizaje permanente”. Implican la
posibilidad de seguir aprendiendo a lo largo de la vida, aprender a aprender, movilizando los
distintos saberes: conceptuales, procedimentales, actitudinales y valores en la
solución de diversas situaciones. Integrarse a la cultura escrita, hacer un uso
adecuado de las tecnologías de la comunicación y la información para comprender
la realidad y participar en su mejora.
2. “Competencias para el manejo de la información”. Se relaciona
con la movilización de saberes para identificar, valorar, seleccionar,
sistematizar y utilizar información, así como el conocimiento y manejo de
estrategias para el estudio y la construcción del conocimiento en diversas
disciplinas y en ámbitos culturales diversos.
3. “Competencias para el manejo de situaciones”. Consiste en
organizar y animar a los alumnos a diseñar proyectos de vida que incluya
diversos ámbitos de desempeño: social, cultural, académico, económico, etc.,
administrándolo en tiempo y forma. Implica, además, afrontar los cambios que se
presentan, tomando decisiones y asumiendo consecuencias de su actuar, enfrentar
el riesgo y la incertidumbre en este mundo complejo y cambiante.
4. “Competencias para la convivencia”. Implican
relacionarse armónicamente con otros y con la naturaleza; trabajar en equipo,
en colaboración para el logro de metas o propósitos establecidos. Considera
además el manejo de las relaciones personales e interpersonales para la
convivencia, valorando la diversidad, interculturalidad y su viable inclusión.
5. “Competencias para la vida en sociedad”. Se refieren a
la capacidad para decidir y actuar con juicio crítico frente a los valores y
las normas sociales y culturales. Promover ejes transversales que permitan
actuar con respeto a los demás, a la diversidad, combatiendo el racismo y la
discriminación, con pleno orgullo de contar con una doble pertenencia: una
nacionalidad y el reconocimiento de la tierra como patria.
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